SI NO SABES SER FELIZ, HAZ MEDITACIÓN

Después de mis dos últimas entradas he observado una gran diferencia entre la primera y la segunda. La primera era escrita con una dosis de honestidad y transparencia que podría sanar al mismísimo satanás y sin embargo en el segundo post, la dosis era una mezcla entre honestidad y unos miligramos de ego concentrado. Y me voy a explicar lo mejor y más breve que pueda.  En este segundo post todo se ha pretendido explicar con la misma buena intención que en el primero pero había un “punto” de necesidad de aprobación exterior, sin pretenderlo, pero lo había, ese pequeño gesto hacia el lector, dejando de escribir con la intuición y usando la razón, lo cual creo que me lleva a un lugar más alejado de mi autenticidad, de mi esencia. Voy a tratar de volver a escribir con el mismo buen propósito que al principio. 

Puedo asegurarte que la meditación ha sido para mi uno de los hábitos que más beneficios me ha aportado a lo largo de este último año. Y digo este último año porqué es cuando realmente me he puesto de manera constante a practicarla. Todos los días sobre las 6 de la mañana me despierto, me enciendo una vela y un incienso y hago una media de 20 minutos, al principio hacía unos 5 minutos y se me hacía largo, ahora hay días que sin darme cuenta he llegado a hacer 45 min de meditación y se me ha hecho corto. 

Ya os he abierto mi corazón con mi primer post, si lo habéis leído podréis entender que para mí el encontrar la felicidad ha sido sin lugar a dudas mi gran dificultad, con grandes momentos de dolor y frustración que se han alargado hasta bien llegados los 48 años. Claro, yo lo que te puedo decir, es que para poder comenzar mi camino de curación primero he tenido que tocar fondo, he tenido que estar en ese punto de “imposible caer más, si caigo más, muero”. Es ahí cuando de repente comprendes que la felicidad está dentro y no fuera, que sí, que la teoría es muy fácil, que yo con mi mascarita la he ido predicando mil veces, para sentirme valorado por “el otro” y que “el otro o la otra” me viera que sé mucho, pero no me lo creía de verdad, porqué no me había hundido en la mierda y te aseguro que cuando hueles a mierda tanto, acabas reaccionando. 

Ahí comienzas un camino de limpieza interior, estás en el momento y en el lugar indicado, y ahora entiendes que las cosas suceden cuando tienen que suceder. Antes era muy escéptico ante la espiritualidad, ante las teorías de la causalidad que no casualidad, de que el universo influye y afecta a los seres humanos de muchas maneras, de que existen los flujos de energía. Ahora entiendes que lo que te ha pasado a lo largo de la vida tiene sentido y razón de ser. 

Entiendes que todas las dificultades y conflictos familiares eran necesarios para estar donde estás ahora. Que esas vivencias y experiencias fuera del entorno familiar que considerabas que no te merecías, eran necesarias para tu proceso de transformación. Sin todo ello, no serías quien eres ahora. Y curiosamente yo me preguntaba ¿porqué a mi? Porque??? 

Pero os aseguro que he pasado en mi vida por algunas situaciones típicas de adolescente y otras no tanto, como por ejemplo que he tomado drogas, he bebido mucho alcohol, he bebido brebajes con los que podía haber muerto, ese día vino una ambulancia al instituto de Bachillerato para llevarme con la sirena puesta al hospital, tenía 15 años. He participado de adolescente (años 80) en actos de los que hoy me avergüenzo y que están tipificados como delitos de diferente gravedad, no he matado ha nadie, que quede claro. También he participado en algunas pequeñas peleas callejeras, curiosamente con 16 años me ví involucrado en un tiroteo por las calles de mi pueblo (Vilanova i La Geltrú) y junto a otros dos amigos de entonces logramo atrapar al atracador de un comercio, evidentemente ahora no lo haría, creo, la anécdota de esta persecución policial, para buscar la parte cómica y subrealista es que esto sucedió un día que en Vilanvova i La Geltrú (donde vivía entonces) era el día de la merengada (Carnaval) y ese día todos los niños se persiguen unos a otros para tirarse huevos y merengues, pues imagínate que para nada parecía aquello lo que realmente era y todos nos miraban con total normalidad mientras perseguíamos, inconscientes, a ese atracador por las calles del pueblo y gritábamos cuidado que lleva un arma y todos reían al escucharlo. 

Para continuar con mi vida “estable” durante estos años de adolescencia del 85 al 89 iba a Tenerife, volvía a Barcelona, de nuevo a Tenerife, y así como un pinball, mas que nada porqué mi rebeldía me provocaba conflictos familiares haya donde estuviese. Para continuar con la estabilidad comentaros que tengo una peculiar historia sobre mi servicio militar, que es de lo más rocambolesca, solo diré que me destinaron a Ceuta, al final no fui a Ceuta y estuve durante  5 meses y medio de servicio militar en 5 cuarteles de toda España, CIR de Cáceres, Brigada paracaidista de Alcantarilla (Murcia), Prisión Militar de Alcalá de Henares y por último en la Academia militar de Zaragoza, en la 5ª Cía. del remplazo Nov del 89 con lo “peorcito” de los barrios bajos de la Barcelona de entonces, barrio de Ciutat Badia, la Mina, San Cosme, etc.. y luego ya, pues cientos de historias más propias de adolescentes normales.

Por eso puedo afirmar con conocimiento de causa que he tenido una vida bastante inestable emocionalmente, por situaciones que junto a los conflictos familiares y de mi infancia me convirtieron en alguien con mucho miedo a mostrarme tal cual era protegído 24 horas al día con mi máscara de poder. 

Pero todo esto era necesario para poder estar en este punto en el que te das cuenta que el único medio de encontrar la paz y la felicidad está en tu interior. Y si algo tiene la práctica de la meditación es precisamente conectarte con tu esencia a través de la quietud, del silencio, de la observación. La práctica diaria me ha llevado junto a mucha lectura y un trabajo profundo interior a poder perdonarme por juzgarme, castigarme y culparme tantas veces. Solo cuando consigues aceptarte y perdonarte por todo el daño que te has infringido a ti mismo, solo entonces puede perdonar también a los demás. Cuando comprendes que cada uno de nosotros lleva “su mochila” con todas sus dificultades, como la que tu llevas o incluso peor, es cuando hay compresión, compasión y comienzas aceptar y perdonar. Y la meditación te ayuda a poder observar como funcionas, como te defiendes y reaccionas ante los acontecimientos externos, aprendes a ver como funcionan tus pensamientos y a decidir antes de actuar. A aceptar las consecuencias de tus decisiones. La meditación me centra, me da equilibrio y cuando fallas, cuando cometes errores, te enseña a responsabilizarte pero sin culparte por ello.  Es una “medicina” milenaria que todos deberíamos practicar. Hay gente que me dice, no si yo ya hago meditación a mi manera, yo salgo a correr y me olvido de todo, es mi manera de meditar, otra me dice, yo me quedo mirando por la ventana y veo pasar las nubes, bueno, yo creo que eso también es disfrutar positivamente de la vida, o en otros casos es escapar de encontrarte en silencio contigo mismo, ¿lo has intentado de verdad? ¿ a ver cuanto tiempo puedes estar en silencio? sin hacer nada, solo observándote, sin juicio, conectando con lo que te pasa dentro. Pues eso, si crees que “correr” es meditar, vale acepto “pulpo” como animal de compañía. Cada uno tiene su proceso y su camino. Ohmmmmmmmmmmmmmm 

EL CLOWN, LA LLAVE A MI FELICIDAD

Antes de continuar en este segundo capítulo quiero aclarar que después de haber recibido muchos comentarios por parte de amigos y conocidos, he sentido por un lado, vértigo, porqué hasta ese momento aún no era consciente de que realmente me estaba desnudando y por otro lado, una sensación de satisfacción, de que estoy haciendo lo que debo hacer.  Estoy convencido que hay muchas personas que no son felices y no importa el grado de dificultades con las que se hayan encontrado, si no, como han vivido y sentido esas experiencias, eso es lo que causa el ser feliz o no, el modo en como viven esas experiencias, bajo que condicionantes personales, bajo que prisma o circunstancias, entre muchísimos otro factores. 

Yo ni soy psicólogo, ni terapeuta, ni pretendo ser nada de esto, tan solo quiero aportar mi experiencia personal y como he conseguido salir de un pozo después de años de dolor y sufrimiento llevados por dentro. Y creo realmente que desde mi total honestidad y transparencia puedo aportar mi granito de arena para hacer de este mundo un lugar algo mejor. 

Este trabajo personal, este cambio de actitud y de mentalidad, de ver el mundo con una perspectiva más neutra, mas equilibrada, no se produce de un día para otro, hay detrás un trabajo que comienza hace pués casi 30 años dando muchos palos de ciego, con la voluntad de querer ser feliz pero sin saber serlo, de continuos conflictos familiares que después se trasladan a la pareja, luego a los hijos y vas repitiendo patrones con todos aquellos a los que quieres y así durante años entrando en un bucle de conflictos del que quieres salir pero ni sabes como ni porqué te pasa a tí.  Y con esto no quiero decir que se necesite este tiempo para solucionar un problema ya que cada persona es un mundo y la situación de cada uno es la que és. Si yo he tardado tantos años es porqué así debía ser, no hay más. 

Esta simpleza de comentario tiene su razón de ser, para ello he leído algo de filosofía taoísta que me ha ayudado mucho también, tranquilos que hoy no va por ahí el tema. 

En este blog iré aportando aquellas experiencias vividas y que considere de corazón que puedan ser útiles para otras personas que deseen encontrar una salida o a su infelicidad. 

Como ya os he comentado en otro capítulo, para mí, comunicar siempre ha sido una necesidad, pero frenada por el dichoso miedo y por eso decidí enfrentarme al miedo de cara, así que hace siete años me inscribí a mi primer curso de monólogos. Un curso que fue el comienzo de un larguísimo aprendizaje. Los aprendizajes como bien sabemos no se integran con la teoría ni con las buenas experiencias, si no más bien a base de ostias, con experiencias que te hacen pasarlo mal y sufrir y así es como fuí “mejorando” en el mundo de la comedia. 

Fijaros si mejoré que después de dos años en el Teatro Llantiol y varios bolos y concursos por pueblos de Catalunya con mis hermanos de comedia Xavier Castells y Jordi Galo, no pude más y me rendí, abandoné, tiré la toalla, porqué lo pasaba realmente mal. No era capaz de salir al escenario a disfrutar, cada semana se convertía interiormente en un infierno del que yo me intentaba convencer que era capaz de superar, me tiraba todos los días ensayando y preparando una y otra vez el texto de esa semana, le dedicaba muchas horas creyendo a fe ciega que la solución pasaba por ahí. Le dedicaba muchísima energía para luego llegar el día clave y volver a sentir un gran sufrimiento y miedo. Miedo a fracasar y a no estar a la altura de mis compañeros que actuaban conmigo, miedo a quedarme en blanco, a equivocarme, a decepcionar al público, a los conocidos que viniesen a verme, miedo que recorría mis venas y se metía en cada una de mis plaquetas. Un miedo que formaba parte de mí desde bien pequeño y que por mucho que quisiera despojarme de él no era capaz de conseguirlo. Era realmente duro y frustrante ver que quería y sabía que podía pero sin embargo no lo demostraba. 

¿Que era tan grave para no poder superar ese miedo? Os puedo decir que hasta seis años después con un parón de varios años y ya entrado el 2018 no pude realmente comenzar a entender muchas cosas. A lo largo de estos años, hablé demasiadas veces con mi mujer, actriz experimentada y paciente donde las haya, la verda es que se merece un altar. Además compartí mis temores con profesores de teatro, compañeros y profesionales experimentados en artes escénicas, en comedia, en hablar en público, artistas de otras disciplinas y todos me daban consejos y trataban de ayudar a su modo, pero había un problema a todo esto y es que realmente yo aún no estaba preparado para entenderlo. No lo estaba porqué había algo más profundo que trabajar.  Esto igual a muchos os comenzará a sonar un poco “hierbas” pero así lo siento y es que no tenía confianza en mi, mi autoestima estaba por los suelos, resumiendo, no tenia ningún respeto por mi mismo, ningún amor por mí persona.

Esa era una de las claves, esa falta de amor englobaba muchas cosas, falta de confianza, seguridad, capacidad de gestionar la frustración. Y claro si tienes esa carencia tan grande y tienes que sobrevivir, te inventas e integras una buena careta, hasta tal punto que te la crees. Así que a lo largo de mi vida durante muchos momentos he estado fingiendo, con mi máscara de confianza, de éxito, de victoria, de satisfacción, de felicidad, esa máscara que necesitaba para que no me volviesen a herir y así he vivido con ese rostro artificial que me ha impedido mostrarme abiertamente a los demás hasta hace bien poco.  

A raíz de inscribir a mi hija en el colegio en Septiembre de 2017, conocí e hice amistad con Javier Rodríguez, papá de una amiga de mi hija, un experto en Eneagrama de personalidad, mindfullness, meditación Vipassana y otras disciplinas del desarrollo personal, es director y socio de la empresa www.crecemos.es dedicada al desarrollo personal para ayudar a mejorar el ambiente laboral en las empresas. El caso es que le expliqué de mi tormento con los monólogos, y me sugirió hacer un curso de clown, ya que según él, me ayudaría a entender mejor como gestionar el miedo al fracaso. 

En Marzo de 2018 me apunté a un curso de iniciación de Clown con Carolina Dream y Alex Navarro (www.cursodeclown.com) dos bestias pardas del clown, sólo tenéis que entrar en internet y veréis. Un curso en el que te enseñaban a entender que el fracaso es la mejor herramienta que puede tener cualquier persona y que hay que aprender a jugar con esa emoción y entenderla como algo necesario para la vida y para el crecimiento del ser humano.  El caso es que después de dos días intensos de curso me fui a casa decepcionado, “esperaba otra cosa” le decía a mi mujer.  

Os explico el caso, les pedí a Alex y Carolina que me ayudaran a superar mi dificultad para disfrutar en el escenario ya que no sabia hacerlo, básicamente por mi miedo. El segundo día de curso, nos hicieron un trabajo personal a cada uno de nosotros, a mí me dejaron para el final y me pidieron que me pusiese detrás de un biombo e hiciese salir primero a Romeo y seguidamente a Julieta, lo cual era imposible porqué solo estaba yo. La finalidad del juego consistía en que el fracaso estaba asegurado ya que era imposible llevar a cabo lo que te pedían. Pero en mi caso, me resistí, luché, buscaba soluciones imposibles, cuando salía Romeo, me preguntaban por Julieta y rápidamente, siempre desde mi miedo disimulado con sonrisa por lo mal que lo estaba pasando, me iba detrás del biombo y salía Julieta por un lado del biombo, y así sucesivamente iban tratando de putearme intencionadamente, pero yo continuaba  resistiéndome a aceptar que había fracasado. Acabaron rindiéndose tanto Carolina como Alex y con un gesto entre frustración y sorpresa me vinieron a explicar el propósito del ejercicio para que me rindiera y desde ese “lugar” rendición y de vulnerabilidad pudiera aceptar mi fracaso y descubrir en esos instantes de gran frustración a mi auténtico clown, porqué este surge desde la sinceridad más absoluta, desde la transparencia y la aceptación de lo que pasa, sin embargo, si te resistes, estás negando la evidencia del fracaso.

Así acabo el curso y así me fui a casa, totalmente decepcionado por la experiencia de ver que no había conseguido encontrar mi clown. Fuí el único que no lo logró. Cuando llegué a casa le expliqué a mi mujer lo que había sucedido y totalmente frustrado y muy triste por sentirme tan desconectado de mi, me caí al suelo y rompí a llorar como un niño pequeño. Estaba hundido, es ahí cuano comencé a darme cuenta que Alex y Carolina habían logrado sin ser conscientes de ello un objetivo mayor que el de encontrar mi clown, lograron lo que ni artistas, ni amigos, ni familiares, ni terapeutas habían conseguido. Habían logrado a través de este ejercicio que fuese consciente de la enorme coraza que llevaba, de lo endurecido que tenía mi corazón, que no permitía que nadie ni nada me hiciera fracasar y que sobre todo, yo NO ME PERMITIA ser vulnerable, ser un niño, ser auténtico. Fui consciente que “mi niño interior” el que todos llevábamos dentro, estaba casi muerto. 

Lo más curioso es que realmente llevaba fracasando toda la vida, pero como no lo aceptaba, como entendía que fracasar era mostrarme débil y en consecuencia me podían hacer daño, lo negaba mostrando una de “mis máscaras”, sin darme cuenta que ya estaba dañado de serie y que el único medio de sanar era haciendo justo lo contrario, aceptar mi fracaso, al negarlo, al no reconocerlo, mi sufrimiento se hacia permanente.

Y es aquí cuando cogí conciencia por primera vez que algo dentro de mí no estaba bien. No era posible que todo el mundo estuviese equivocado, algo no debía estar haciendo bien, descubrí que las causas de mi sufrimiento no eran externas, que no era mi madre la responsable de mis circunstancias, por muchos errores que hubiese cometido en el pasado, ella no tenía ninguna culpa, seguramente hizo lo que hizo porqué no supo hacerlo mejor, porque no aprendió ni tuvo la oportunidad que ahora en esta etapa yo si tengo. Comencé a ser consciente de ello. Llevaba toda una vida culpando al mundo de mis circunstancias, y si yo era así era por culpa de “los demás”. Y es aquí cuando toqué fondo, cuando me di cuenta que a había dos opciones o seguir en esa lugar de oscuridad o cambiar las cosas. Cambiarlas con trabajo y con conciencia personal, y desde entonces comencé un recorrido imparable de trabajo interior que no ha cesado. Comencé a leer el libro el Camino del artista, de Julia Camerón, que me lo obligo a leer Carolina Noriega, antes de ir a su curso en el Caracolero, lugar de encuentro de estudio para la comedia y otras disciplinas artisticas y espirituales. introduje en mis hábitos diarios, la meditación después de hacer un curso en el templo budista del Garraf, añadí a mis rutinas el escribir paginas matutinas diarias que un año después continuo haciendo al igual que la meditación, me fui solo a hacer el Camino de Santiago desde Oporto, para vencer otro de mis miedos. Hice un curso de Eneagrama de la personalidad, y comencé a leer textos de Lao Tse, Eckat Tolle, Claudio Naranjo, varios libros sobre meditación, me introduje gracias a youtube en la filosofía griega con Socrates y Platón, muy superficialmente, pero ya me fue bien, asistí a conferencias de Enric Corbera y Borja Vilaseca entre otros para impregnarme de conocimientos que hasta entonces consideraba estúpidos y banales, hice terapia individual y de pareja que también me ayudó mucho, asistí y colaboré en varias conferencia de Javier Rodríguez sobre desarrollo personal y mindfullnes y continúo formándome cada día a través de la lectura, la escritura, meditando y haciendo terapias para mantener la relación de pareja y mi relación conmigo mismo en un estado optimo. He vuelto a escribir monólogos de comedia y tengo el soporte profesional de Manu Pradas de Performart que me ha ayudado mucho en la escritura cómica para coger mas confianza. Aún así debo decir que en mi dia a dia continúo frustrándome, teniendo miedo, me sigo enfadando y teniendo sentimientos de rabia, pero gracias a todo este trabajo puedo gestionarlos de un modo más equilibrado y saludable. Porqué no olvidemos que sentir emociones “negativas” y expresarlas por el canal adecuado no es malo, lo que es malo es reprimirlas y acabar sacándolas en el momento más inoportuno. 

Otro día os explicaré mi experiencia en el camino de Santiago y mi introducción al mundo de la meditación.  

TOCAR FONDO Y RESURGIR

Creo que uno de los propósitos de vivir es compartir con el mundo aquellas experiencias que puedan ayudar de algún modo a otro ser humano a evolucionar en su camino de vida. Esto es lo que interpreto después de todo lo que he ido viviendo a lo largo de casi medio siglo. De ahí que desde que tengo uso de razón ha habido en mi interior la necesidad de comunicar. Pero a esa necesidad se ha unido una emoción que me impedía expresarme como me hubiese gustado. Una emoción que te paraliza y que “aprendes” a estar en ella. El famoso MIEDO.

He vivido casi toda mi vida abrigado por el miedo, convencido de ser una víctima de todo lo que me sucedía. Es cierto que de niño he vivido momentos muy complicados y confusos, como una separación de padres nada pacífica, la violencia de género a lo largo de varios años en “primera fila” con una de las parejas  que tuvo mi madre justo después de separase, los abusos sexuales que sufrí por parte de un vecino, abusos por cierto nunca confesados antes. Además he vivido desde el terror los maltratos continuos a mi madre, también varios cambio de domicilio, como unas 15 veces desde los 11 a los 15 años, incluido un cambio brusco de lugar sin aviso ninguno, de una semana para otra, de Barcelona a Tenerife, sin poderme despedir de nadie, ni de amigos ni familiares, una huida en toda regla, tampoco pudimos despedirnos de mi padre al que estuvimos sin verlo 3 años, hay que pensar que esto fue en el año 1982 y por aquellos entonces no existía internet y localizar a alguien era realmente complicado. En resumidas cuentas una infancia “complicadilla y poco estable”

A lo largo de todos esto años no he dejado de culpar y responsabilizar a mi madre de mis males, la he culpado y acusado de ser la responsable de quien soy y de todos los traumas y todas las experiencias vividas y como me han llegado a afectar. Ella ha sido sin duda el foco de casi todo mi resentimiento odio y amargura. 

Pero mi madre no ha sido la única en recibir mi rabia contenida, he de admitir que en mayor o menor medida cualquier persona que estuviera en mi entorno tarde o temprano recibía su parte. Mis novias, mi padre, mi hermana y hermano, mis amigos de mayor confianza, y hasta hace poco mi mujer y mis hijos.  Siempre había alguien responsable de lo que me sucedía, alguien que me perturbaba y me hacia sentir mal, si no era con uno era con otro. Para sentirme “bien” tenía que estar mal con alguien y evidentemente siempre, siempre, yo era la pobre víctima que sufría de lo injusto que estaba siendo el mundo conmigo. Y así ha ido siendo día tras día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año hasta el día de hoy. Viví un gran sufrimiento, hasta tal punto que hace unos años se me diagnosticó una enfermedad de estómago llamada esófago de barret y también me diagnosticaron divertículos, no voy a entrar en detalles, mirar en internet lo que es. 

Pero no creáis que eso me hizo reflexionar y tocar fondo, que va, tampoco haber estado ingresado en la UCI a punto de morir por una malaria que se complicó, que va, a pesar de todo esto, continué en mi victimismo, regodeándome y disfrutando de mi “tormento” y de mi desdicha, si si, un alma en pena en toda regla. Pero claro, esto solo se lo recordaba a los más cercanos a través de mi mal estar continuo, mi frustración por ser infeliz, excepto a todos aquellos que me conocían superficialmente, a estos les ponía una de mis máscaras, ahí demostraba mis dotes de actor, creando un personaje, bonachón, sensible, que sabe escuchar, jajajajajajajajaja, mi máscara, la máscara que ocultaba mi miedo, como la llevamos casi todos para ocultar nuestras debilidades o sombras, pero yo aquí me la quito y me desnudo ante tí, porque solo desde la honestidad puedo realmente aportar algo útil al ser humano. 

Era un ser infeliz, amargado y amargando, pesimista, hasta el punto de  haber caído en una depresión muy larga de la que no he sido consciente hasta hace bien poco, que fue cuando toqué fondo de verdad.  Y ese és el punto de inflexión, cuando coges conciencia y realmente te das cuenta que es imposible que todo el mundo esté equivocado y tu lleves la razón de estar en esa lucha. Cuando después de haber pasado desde la adolescencia por ciento de terapias, terapeutas, médicos y psicólogos, donde a pesar de ello has llegado a pensar en suicidarte varias veces porqué no le ves sentido a vivir en un mundo tan hostil contigo, es entonces cuando hay una gota que colma ese vaso lleno de mierda y ahí, en ese momento la gota rezuma, el vaso se desborda y tu por fin, abres los ojos y comienzas a despertar. Y te das cuenta que todo es oscuro, muy oscuro, pero arriba, no tan lejos como parece, hay una luz, y es alcanzable, comienzas a visualizar en positivo, y comienzas el trabajo para salir del pozo. 

Esta catarsis, ese momento de inflexión, ese momento de “banca rota” de quiebra y crisis emocional terminó después de un curso de Clown, si, un curso que pretendía ser una herramienta mas para lidiar mejor con los monólogos cómicos, un curso que para los no entendidos es un curso de payaso ¿de payaso? Pues sí, de payaso, un curso donde parece que te pones una nariz roja y haces el tonto, ¿no? 

¿Como fue ese curso de clown para que pudiese “reventar “esa bola de bilis que tenía en mi corazón?… pues os lo cuento el próximo día